Hablemos en latín, que nos entenderemos mejor.
Lo mio no son sentimientos; son palabras.
Las palabras no hacen más que ocultar la realidad.
martes, 9 de noviembre de 2010

No mires a los ojos de la gente, podrías perderte, es cosa del misterioso ciclo del pestañeo, todos tenemos un secreto en la mirada.
Yo soy profesor de lengua de miradas
puedo todo decir sin decir una palabra
ojos que no ven, corazón que no siente
quisiera ser ciego para no ver que me mientes.
Cada vez que lloro se me inundan
vacían sus gotas y me llenan de preguntas
mírame a los ojos y respóndeme
está perdiendo el ultimo que parpadee
misterioso ciclo de tu pestañeo
yo es que no me creo la mitad de lo que veo
Rétame a un duelo de miradas
quizás en el final de mi pupila
encuentras la salida de esta sala.
Tu llanto es la cascada de unos ojos viejos con cataratas
me arañaste el alma con tus garras afiladas.
Si es lo que los ojos siempre son lo más bonito de la cara
es como un camino que no acaba.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Llorar a lágrima viva
Llorar a lágrima viva
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.
Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.
Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.
Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.
Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
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