Lo mio no son sentimientos; son palabras.

Las palabras no hacen más que ocultar la realidad.

jueves, 2 de diciembre de 2010


Empezó a correr por la hierba verde, fría y húmeda.
Siguió hasta llegar llegar a un suelo más duro y con un color un tanto triste.
Los pies rozaban la superficie y un leve hormigueo se apoderaba de ella;cosquillas.
Sentía cosquillas por las plantas.
No notaba el cansancio que se apoderaba de ella, en ese momento no existia nada.
La lluvia caía intensamente, fuertemente y el vestido se le pegaba como si fuese una segunda piel.
El azul tan intenso,se le estampaba como un cielo despejado en aquella tela.Irónico en ese momento.
Tocaba cada arbusto que se le interpusiese en su camino, y lo apartaba con suavidad.
Aun así, lo hacía rápido.
Sus pies y sus piernas mandaban, eran las dueñas de aquel momento.
¿A dónde iba? no era consiente a donde se dirigía.
Un nudo en el estómago era lo único que llegaba a sentir, necesitaba correr.
¡Correr!
Respirar, avanzar, esquivar aquella rama.
Un paso por aquí, saltar,seguir.
Su melena mojada, caía por los hombros, como si un velo se tratase.
Despeinada y con aquel flequillo que le cubría sus ojos verdes.
Parecía la viva imagen de una muñeca frágil, con sus labios rosados y suaves acompañados con aquellos pómulos, y tez blanca.
La respiración era entrecortada y se podía confundir con el sonido de las cotas al chocarse con las hojas de los árboles.
El aire que brotaba de su garganta era muy frío y una nube densa se apoderaba de su boca.
Echo un vistazo rápido a un pequeño charco, y contempló su reflejo casi demacrado.
Se agarró al pecho con brusquedad, con un intento de atrapar al corazón para que éste no se escapase.
Las extremidades de las manos apenas se las sentía y de pronto un pequeño pinchazo en el costado le dificultó el paso por llegar a ninguna parte.
Cada vez más arbustos, más objetos que dificultase su camino.
Cada vez más pensamientos fugaces en su cabeza.
Atravesó un pequeño río, y notó como le entraba el frío por cada poro de su piel, y llegaba hasta las arterias.
Apartaba sin cesar el agua mediante patadas y manotazos.
Llegó al final de aquel pequeño río.
Y empezó a respirar más, fuerte, mucho más fuerte.
Su corazón bombeaba con mucha más fuerza-
Y Lo vio,
Vio con claridad un pequeño arcoiris que se escondía y asomaba tras unas nubes.
Y lo supo.
Supo que ese era el final de su camino.