Me encantaba ese tono irónico que ponía siempre conmigo para despreciarme(notese la ironía)
-Genial, si señor, otra vez lo as hecho de puta pena.
Me hacia sentir como una piedra inanimada, sin sentimientos, llevada por la corriente del mar, o por las patadas de las personas.
No soportaba su voz, el tono con el que me insultaba, siempre pegándome psicologicamente.
Y si, físicamente también.
Creía que iba a cambiar.
Creía que un día, quizás vendría por la puerta con un ramo de flores y me diría que me quería.
Creía.. muchas cosas.
Incluso que me pediría perdón.
Y por supuesto, ese día, no llegó.
No llego el día en el que me apreciara como yo era.
Siempre llegaba de noche ese silencio que mata.
Que parece una cuchilla y te la vas hincando disimuladamente para no hacer ruido y vas sangrando poco a poco.
Ese silencio muerto.
Ese silencio que mata.
Así me sentía, día y noche.
Y JAMÁS en tu vida me dijiste algo que no fuese insultos.
Maldito cabrón de mierda.
Pero solo lo consigo pensar, no tengo valor suficiente como para contradecirle.
Se que cambiaras.
Eso espero...
Ha pasado un año y sigue peor.
Las palizas persisten y me da terror.
No aguanto mas.
He intentado suicidarme pero soy una puta cobarde.
Ni siquiera tengo agallas para eso.
Me da miedo mirarle a sus ojos vacíos.
Y no encontrar nada.
Solo odio hacia mi.
Solo odio hacia mi.
Solo ganas de tratarme cual trapo deshecho.
Tiemblo cuando tengo que meterme en la cama con el, me tiemblan las manos.
Las piernas.
Cambiará...
Lo sé.
Tengo arañazos por su culpa, y moratones morados y verdes por las piernas.
Casi me rompe una costilla.
Dice que se desahoga conmigo.
Bebe y PUM.
Viene a por mí.
Yo voy gritando desesperada por la casa, mientras el tira todo al suelo.
Y grita:
-Te mataré puta.
Empiezo a llorar y sigo corriendo.
Me tiemblan de nuevo las piernas y el miedo puede conmigo.
El monstruo viene a por mi-pienso.
No me sale gritar, se me seca la boca hasta que el me la llena de sangre.
-No..-susurro-por favor.
-Eres una zorra putona.
Y PUM.
Una bofetada.
Quiero que acabe.
Esta noche.
Esta noche tampoco he dormido nada.
Me he levantado con ganas de vomitar como siempre.
Y me he percatado que hay una botella rota en el pasillo.
La cojo y me corto, las heridas para mi ya no son nada.
Sangre.
La botella esta rota, en añicos.
La sujeto la parte con la que me he cortado.
La sujeto la parte con la que me he cortado.
Voy balanceándome por el pasillo mientras intento sujetarme a la pared.
Últimamente he bajado mucho de peso y apenas puedo sostenerme.
Entro a la habitación y lo veo roncar.
A ese maldito hijo de puta.
Esta roncando.
Suelto la botella en la cama y rebota un poco.
Me siento en la cama y mientras en una mano sostengo la botella medio rota, el la otra mano sigo sangrando.
Un poco profunda, pero no lo suficiente como para morir.
-Genial, bien hecho- digo mientras paso por su lado.
Me gustaría cortarle, apuñalarle lentamente.
Para que sufriera.
Para que comprendiera todo lo que tengo dentro.
El asco que me da.
El odio.
Le arrancaría los huevos y los tiraría por el balcón ahora mismo.
-Monstruo- pienso.
Paso la botella rota por su cuerpo, sin tocarle apenas.
Por su enorme y gorda barriga.
Por su costado.
Por su cuello asqueroso.
Sus manos grasientas de mi sangre de tantas veces.
Pum-puedo recordar otro puñetazo.
-MUERE!-grito.
Estoy en el psiquiatrico.
El jamás existió.

















