
Siento al aire en la cara y la nieve abrasándome sin piedad alguna.
Cada segmento de mi piel se vuelve más flácido, y no para de ahogarme.
Mis pulmones se queman por dentro, me estremezco, no puedo sentirme apenas la cara.
Apenas siento nada.
Mis lágrimas no sirven de consuelo, se congelan al bajar por el lagrimal y no llega siquiera al suelo.
Es desgarrador, no puedo respirar, me muero.
Me ahogo con mis propios respiros, - los que me quedan-, y el tiritar ya no me sirve de nada.
Es desgarrador, no puedo respirar, me muero.
Me ahogo con mis propios respiros, - los que me quedan-, y el tiritar ya no me sirve de nada.
Hasta mi propio cuerpo me traiciona.
Estoy tirada en aquel y helado lugar.
Y no puedo mover los músculos, es tanto el aire gélido que solo con el intento de respirar, la traquea me arde.
Mis ojos se estremecen, y se vuelven de un tono apagado y rojizo.
Y no puedo mover los músculos, es tanto el aire gélido que solo con el intento de respirar, la traquea me arde.
Mis ojos se estremecen, y se vuelven de un tono apagado y rojizo.
Lo veo todo borroso.
Aunque mi desesperación por intentar recuperar calor alguno hace que mis pulmones se encharquen, al no llegar ni oxigeno a la sangre.
El dolor y el sufrimiento esta llegando a tal punto que deseo con lo que me queda de vida, morir pronto.
¿Los dedos de las manos y demás articulaciones?, no me las siento.
Tengo un color tan pálido en el cuerpo, que se confunde con la nieve, con el blanco del suelo.
Me mareo.
Y las náuseas me brotan por la garganta quemando y dejando un pestilente sabor por un último intento de vida.
Cierro los ojos para terminar con todo, pero hace tanto frió que me duele hasta al cerrarlos.
Aun así, los cierro débilmente.
Despertando en aquellas sabanas blancas, confusa y en cierto modo, decepcionada de que aquello solo fuese una maldita pesadilla.
Me duele la cabeza, de tal forma que grito de desesperación e impotencia por todo.
Y voy corriendo, tropezando hasta el váter.
Aunque las náuseas no eran cosa de una pesadilla, tengo ganas de echarlo todo.
Cada segmento de mi ser, cada segmento del dolor recobra vida, mientras apoyada en él lo echo todo.
Corre por mi garganta el dolor, y el sufrimiento que soporto.
Y el vomito corre por las tuberías en un intento de salir y hacerlo lejos.
Siempre me trago todo.
Pero siempre sale a brote y lo echo hasta quedarme vacía.
Y así, día tras día.
Aunque mi desesperación por intentar recuperar calor alguno hace que mis pulmones se encharquen, al no llegar ni oxigeno a la sangre.
El dolor y el sufrimiento esta llegando a tal punto que deseo con lo que me queda de vida, morir pronto.
¿Los dedos de las manos y demás articulaciones?, no me las siento.
Tengo un color tan pálido en el cuerpo, que se confunde con la nieve, con el blanco del suelo.
Me mareo.
Y las náuseas me brotan por la garganta quemando y dejando un pestilente sabor por un último intento de vida.
Cierro los ojos para terminar con todo, pero hace tanto frió que me duele hasta al cerrarlos.
Aun así, los cierro débilmente.
Despertando en aquellas sabanas blancas, confusa y en cierto modo, decepcionada de que aquello solo fuese una maldita pesadilla.
Me duele la cabeza, de tal forma que grito de desesperación e impotencia por todo.
Y voy corriendo, tropezando hasta el váter.
Aunque las náuseas no eran cosa de una pesadilla, tengo ganas de echarlo todo.
Cada segmento de mi ser, cada segmento del dolor recobra vida, mientras apoyada en él lo echo todo.
Corre por mi garganta el dolor, y el sufrimiento que soporto.
Y el vomito corre por las tuberías en un intento de salir y hacerlo lejos.
Siempre me trago todo.
Pero siempre sale a brote y lo echo hasta quedarme vacía.
Y así, día tras día.
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