El dolor era insufrible, insoportable.
Estaba enfadada, irritada, e incluso rabiosa.
No soportaba que le doliera de tal manera, un pinhazo que le impedia avanzar.
En ese momento se olvidó de todo, de pensar; de respirar.
Era inaguantable, ¡no podia más!
Quería alejarse, donde el viento y la noche la arropara lejos de ese sitio.
Le dolia tanto el corazón que se iba a desmayar.
No era un dolor físico, para nada, pero ese dolor fuese lo que fuese era el culpable.
Trató de no llorar, pero les picaba muchísimo.
Estaban a punto de asomarse.
Se llevó una mano al ojo izquierdo y se enjuagó antes de que empezase a llorar hasta que se ahogase con sus propias lagrimas.
Dio un paso y luego otro, aun asi le resultaba un esfuerzo descomunal.
Le pesaba las piernas, y el alma.
Le pesaba el corazón.
Otro paso, arrastraba los pies con delicadeza.
Con sumo cuidado se fue alejando.
Esa chica comprendió por primera vez lo que era que se le rompiera el corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario