
Cuando estaba sola a Amanda le atacaban los pensamientos.
Daba igual la hora, de día, de noche, por la tarde o por la mañana.
Amanda acostumbraba a acariciarse el pelo, para tranquilizarse.
Porque si no lo hacía le faltaba algo.
También le faltaba muchas cosas.
Un pijama de rayas. Un pendiente en la oreja izquierda.
Le faltaba sueños. Le faltaba una armadura para protegerse del miedo.
Estaba asustada aquel día, aquel martes ella no estaba quieta.
Le daba igual la fiebre, o el ataque de tos.
'Todo saldrá bien'-se repetía constantemente observando la mota de polvo que estaba en aquel rincón.
¿Y si no había hecho lo correcto?
¿Y si había tomado la decisión más errónea de su vida?
No podría saberlo, porque no sabía nada.
No sabía que hora era. Ni si estaba lloviendo.
No sabía que había en el frigorífico.
¡Nada!
No sabía siquiera si le había dado de comer a sus peces hoy.
¡¿Y qué?!
Seguía mirando al infinito, con un intento de que las ideas se aclarasen.
Pero nada, no pasaba nada.
Y el mundo seguía girando,pero ella estaba totalmente quieta.
Y no pasaba nada.
Nunca pasaba nada..
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