
Día 57.
Las noches se hacen eternas.
Las horas pasan y me quedo fijamente mirando el móvil.
Acostumbro a llenar mi cabeza de pensamientos, que tiran para toda las direcciones.
Se contradicen y yo no entiendo lo que quieren decir.
Le doy la vuelta a mi almohada, para acaparar el frío.Solo así me siento mejor.
El calor me agobia, las sábanas, el edredón,hasta el pijama.
De nuevo miro la hora y me sorprendo al ver 4:30.
Tengo ganas de hacer algo, de salir,andar,correr.
Pero me quedo quieta en la cama,con las centenares de imágenes en mi cabeza de todo.De recuerdos, de lo que ha sido, de lo que no ha pasado, de lo que podía pasar,de planes futuros, de conversaciones pasadas, de objetos, de personas, de lugares.
Pienso demasiado, cuando tengo oportunidad pongo mi mecanismo a pensar, pongo todas las piezas de mi cabeza y siempre sale algo.
Los sentimientos ahora carecen de sentido.
¿Sentir?¿El qué?¿Debo?¿Para qué?
Para nada.
Ordeno mi cuarto día tras día para poner algo de orden en el caos de mi cabeza.Me tumbo de nuevo en la cama y observo los objetos colocados pulcramente en sus sitios.
Lo nuevo se me hace aburrido, y lo viejo rutinario.
Y pasa las horas continuamente y yo no sé que debo hacer y que no debo hacer.
No sé si coger un camino.
U otro.
Me siento perdida y no tengo una brújula que me ayude a encaminarme.
Me siento extraña.
Me siento extraña en mi propio cuerpo, en mi propia cabeza.
Y ya no siento ni padezco.
Ya no tengo nada más que perder, ni nada más que ganar.
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