-No te vayas esta noche, hoy no.No soportaria quedarme yo sola con mis pensamientos, es terrible.
Ella acostumbraba a beber un vaso de vino a las cuatro y cuarto de la noche, nunca conseguía dormir del tirón.
Las pesadillas la mataba y su consciencia también.(Nunca me dijo el por qué).
-Oh Gabriel.. esta noche no podría-se aferró a mí con mucha fuerza y apenas podía escuchar sus sollozos.Su corazón latía tan fuerte que me asusté.
Era la típica chica: fría, borde, seca, segura de sí misma, orgullosa y sí un poco cabrona.
Por esa razón me descompuse tanto al verla de esa manera, destrozada.
Se guardaba todo para sí misma, lo almacenaba entre su corazón y su cabeza y temía que algun día explotase.
Su mirada era tan solemne y dura que me intimidaba.
Aveces le preguntaba por qué era tan triste pero no me respondía, me sonreía y sabía que era irónica.
Siempre lo hacia.
Me miraba me sonreia y me dolía muchísimo, pero a ella.. más.
Natalia era fuerte pero se le clavaba la soledad entre pulmón y pulmón y aveces le costaba respirar.
Eso me decía cuando se ahogaba de noche y bebia para que se fuese aquella extraña mala presencia.
¿Por qué no fui nunca a vivir con Natalia para ayudarla?
Por eso digo que esa chica era tan tan fuerte.
Ella me prohibio tajantemente que la ayudara.
Era, porque se fue.
La noche que me pidió que me quedase con ella fue la última vez que la vi.
No se llevó su ropa, ni los cuadros que tanto le gustaba.
Solo se llevó su botella de vino y el misterio de por qué fue tan desdichada.
Creo que la soledad se la llevó consigo muy muy lejos.














