
Plof.
Un sonido seco de una mano golpeando una mejilla.
-Me..me acabas de pegar-dije con voz temblorosa.
-Sonia, lo siento, joder, no se lo que acabo de hacer, perdóname,Dios, Dios, Dios-dijo intentando hacercarse a mí.
Me toqué la mejilla caliene por el golpe, asimilando lo que acababa de ocurrir antes mis narices.
-Te odio-esa fueron mis palabras, las pensé en voz alta.
No sonó a ironía, a broma ni nada.
-Te odio-repetí secamente, mirandole mientras me frotaba la cara.
Le odiaba de verdad, ese sentimieno afloró después del que aparece en una situación de emergencia que te quedas en estado de shock.
Un segundo antes escuché un ruido triste, doloroso.
Un ruido sordo para muchos, para todos.
Como si se rompiera algo de valor y se hiciera añicos.
No podria describirlo, murió una parte de mí en ese momento.
Una parte muy importante.
-Sonia, nonononono,¡¡¡Lo siento!!!-dijo nervioso apresurandome a abrazarme.
-Me as agarrado, gritado y pegado-murmuré dando pasos asia atrás-me das asco.
-Solo intentaba que me escucharas, estabas sumisa y no parabas de decir gilipoyeses, por favor Sonia, ¡escúchame!-trató de decir en vano.
Me quedé callada, mirándole, y dando otro paso atrás.
Y otro.
Y otro.
-¿Qué se siente cuando no se siente nada?¡¿ésto?!-grité.
Me aferré al collar que tenia colgado en mi cuello.
-Joder Sonia, no saques las cosas de contexto, ¡solo ha sido un accidente!-dijo acercándose más y más a mí.
-No..nonono-dije tartamudeando-no te acerques a mí.
Otro paso hacia atrás.
La habitación se me hacía grandísima.
Tantos recuerdos en esas cuatro paredes y mira ahora, ahí estaba yo, intentado huir para que no me volviera a tocar ese cabrón.
-Sonia, cuidado con el balcón, no cometas ninguna locura, ¡Sonia!-vino corriendo hacia mí.
Yo no reaccioné.
Plof.
El sonido más triste de la historia.
El sonido de un corazón que no volverá a latir.