
Métete en mi piel durante un minuto;sesenta segundos solamente.
Solo pido eso.
Siente y respira mi mismo aire, mi mismo aire impotente abrasador, escalofriante.
Me arrepiento de tantas cosas, y ya es tarde,joder demasiado tarde.No hay nada que hacer respecto a esto.
Lo sé, y lo sabe mi cabeza.
Intento tranquilizarme mordiéndome la lengua pero la sangre y el dolor no es suficiente para contrarrestar todo, es tanto lo que emana de este cuerpo que es horripilante y doloroso.
Estoy sudando muchísimo, un peso más a mi balanza, la balanza que me llevará sin vuelta, hacia un viaje interminable.
Acabo de caerme de las escaleras y no puedo moverme, no puedo gritar, ningún movimiento sale de mi, aunque mi interior lo anhela, lo desea con todas sus fuerzas,es imposible.
Estoy metido en un charco de un color rojo y marrón, no se de donde me sale sangre.Quizás de todos sitios.
Pido auxilio a gritos con mi cabeza, pero es inútil, nadie me salvará.
Mis minutos están contados y no puedo hacer nada, aguardar a lo que me queda.Esperar.
-Anna,ven-suplico en vano.
La ropa se pega a mi cuerpo y me siento más pesado, el sudor es interminable.
Todos los poros de mi piel se abren para hacer acopio de este insufrible dolor.
Las piernas no las siento, quizás sea por el miedo, porque me las haya roto o por las dos cosas a la vez.
Tengo todo mi peso en mis brazos, para amortiguar el golpe coloqué de mala postura las dos extremidades y ahora no reaccionan.
No reacciona nada.
Quiero llorar;pero ni eso.
La desesperación que siento y la impotencia es sobrenatural.
La ira y la cobardía se apodera de mi poco a poco.
La boca me sabe a un sabor metálico, salado y algo agrio.
Quiero acabar con la agonía, con la tortura, con todo.
-Perdonadme-pienso-perdonadme todas esas personas que he echo daño y que no he podido jamás remediar mis errores con ellas.
En mis ojos, empiezan a brotar algunas lágrimas con muchísimo dolor.
Con esfuerzo bajan por mis mejillas una a una.
-Os quiero-lloro-te quiero Anna.
El pelo negro se me pega a la cabeza por la sangre y me hace de manto y no puedo dislumbrar gran cosa.
Está cayendo gotas y no para.
Y los segundos no cesan.
-¡Gabriel, ya estoy en casa! ¡adivina lo que he comprado para cenar! ¿Gabriel?














